La parte de Eris y Axel la ha escrito la misma Eris.
Narrador:
Las
chicas se levantaron temprano y se prepararon para ir a buscar a su
nueva compañera. La entrenadora conducía la caravana de las chicas.
Pronto llegaron al aeropuerto, estuvieron esperando hasta que el
avión llegó. Cuando este aterrizó empezaron a salir los pasajeros,
pero la que más destacaba era una chica pelirroja de ojos rojos.
Miraron a su entrenadora y, efectivamente esa era la chica. Se
presentaron, cargaron sus maletas en la caravana y se la llevaron.
Narra
Eris:
Tenía
pensado dar un paseo, así que cogí mi ropa
(en la imagen la azul) y me encaminé
a salir. Que pena que no hubiera podido traer a Regaliz, mi semental
negro, para poder dar un paseo por la playa. Como fui previsible,
cogí también un balón de fútbol, mis cascos y mi Ipod para
escuchar música. Caminaba por la acera sin saber rumbo alguno
mientras iba con la vista fija al balón al que pateaba mientras
escuchaba música. Iba absorta en mis pensamientos, no me di de
cuenta del chico que venía corriendo a toda velocidad, no me di de
cuenta de que venía hacia mí y tampoco me di de cuenta quién era;
solo me di de cuenta de que al pasar por mi lado, me cogió de la
mano, dándome un susto de muerte. Pero tuve que correr a su lado con
el balón a un en mi posesión, iba cubierto con una capucha; por lo
que no lo podía reconocer, pero, por pura intuición, no me escapé
de su agarre. Me condujo hacia un callejón sin salida y paró, se
dio la vuelta mientras se sacaba la capucha y pude ver su rostro.
-¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡Tú
sabes el susto que me has dado!!!??? - dije un poco histérica.
-Lo
siento, te miré desde lejos y no me pude resistir - dijo con una voz
sensual acercándose a mi más y más, arrimándome contra la pared.
Puso
sus brazos en la pared de modo que no podía escapar y soltó una
sonrisa de sus labios. Lo miré a los ojos, esos ojos que me encantan
y rodeé sus cuello con mis brazos mientras sonreía. Acercó sus
labios a mi oído y me dijo:
-
Me encantaste en el partido de ayer - dijo despacio y con esa voz que
me derretía.
Me
miró a los ojos de nuevo y juntamos nuestros labios en un beso
apasionado.
Narra
Eve:
Mientras
me vestía decidí sacar mi arco y cazar un rato. Me informé gracias
a la entrenadora de que podía cazar en las zonas forestales de la
isla, siempre en cuando no cazara mucho. Además se le ha ocurrido
que hoy comiéramos de lo que cazara así nos ahorraríamos algo de
dinero de la comida para gastarlo en objetos que mejoraran nuestro
entrenamiento por lo que creo que me va a tocar salir a cazar más
veces.
No
sabía muy bien donde se encontraba el bosque pero mi gran
experiencia en ellos me ayudaría a encontrarlo. Salí cargada con mi
arco, un carcaj de flechas y varias bolsas de cuero para cargar a los
animales.
Llegué
hasta el parque al que iban Bellatriz, Kui y Mar. Allí las vi
sentadas sobre la hierba. Xavier y Jordan se acercaban a ellas y se
sentaban a su lado. Tenía curiosidad por saber que pasaría sabiendo
que a Mar le gusta mucho Xavier y me quedé un rato observando
apoyada sobre un árbol.
Al
principio todo era hablar y hablar, no oía lo que hablaban, pero los
gestos eran suficientes. Mi prima estaba sonriendo como una tonta
todo el rato. Tras cinco minutos Jordan debió de decir algo que no
debía ya que Bellatrix se dirigió a matarlo. El peli-verde salió
corriendo y Kui detrás de ellos para separarlos. Se subían por los
columpios, toboganes y cualquier objeto que se les pusiera delante.
Mientras, Mar y Xavier se había quedado solos. No se si era mi
imaginación pero por los gestos de Xavier este tonteaba un poco con
mi prima y esta se estaba sonrojando.
La
mirada de mi prima se posó en mi, en la otra punta del parque. Me
sonrió y yo le guiñé el ojo. Retomé mi camino hacia el bosque,
aunque seguía sin saber donde estaba.
Tras
dos minutos de camino divisé a Eris a lo lejos. Pateaba su balón
con los cascos puestos. Un chico con capucha le agarró de la mano y
se la llevó. No se si ella lo hacia pero yo reconocía perfectamente
a ese chico aún con la capucha puesta, Axel. Con el tiempo que
llevamos jugando juntos y todas las veces que le he visto con esa
capucha una ya no se sorprende.
Yo
seguí mi camino, con la sensación de que iba bien aunque no tuviera
ni las más mínima idea de donde estuviera. Pasé al lado de una
heladería y sentados sobre las mesas encontré a Cris, Roky, Andy,
Su y Tori tomando un helado con Shawn, Darren, Mark Kruger, Harley y
Eric. Al final Cris, Roky y Andy decidieron irse con Su y Tori por lo
que veo. Por suerte, para Eric, Su no lo tenía agarrado, estaba a su
lado pero no le agobiaba y le dejaba comerse su helado. Mis
compañeras estaban MUY felices en esos momentos por sus caras.
Se me
antojaba un helado pero no quería retrasarme más ni interrumpir
nada.
Gracias
a que encontré a ese grupo supe que estaba en el área
estadounidense. Pero tampoco es que supiera muy bien donde estaba.
Y me
encontré con las últimas que quedaban Silvia, Celia, Camelia y
Marye junto a Paolo y algunos de su equipo y chicos del Inazuma,
entre ellos Mark y Nathan. También estaban la nuevas gerentes del
Inazuma, que eran algunas chicas de la triple C de Osaka entre ellas,
como no, Lili. No quise pararme allí. Solo observé como Marye
golpeaba a Paolo y seguí mi camino.
Después
de media hora de camino encontré el bosque. ¡¡Por fin!! No era
igual que al que solía ir siempre pero era un bosque. Cargué mi
arco por si veía alguna presa. Allí me sentía muy bien, me sentía
libre. Empecé a correr entre raíces y a descubrir cada rincón de
aquel lugar. Encontré muchos animales pero pocos con un tamaño
considerable para ser nuestra comida. Muchos conejos, pájaros de
toda clase...Me subí a los árboles y cacé unas cuantas ardillas.
Las metí en una de mis bolsas de cuero. No sabía si a las chicas
les gustaría pero a Mar y a mi nos encantan. Llegué hasta un
pequeño río. En él los peces rebosaban y decidí llevar algún que
otro por si acaso. Pasé el río saltando de roca en roca y seguí
buscando. A las orillas del río el barro abundaba. En él unas
huellas pequeñas con forma de pezuña me dieron mi próximo
objetivo. Esas huellas pertenecían a un jabalí. Estaban recién
hechas por lo que estaría cerca. Cargué mi arco de nuevo. El barro
que llevaba el jabalí en las patas me ayudó a seguirlo un largo
trozo pero no lo veía y la huellas desaparecían. El olor que
desprendía era fuerte y gracias a eso supe que estaba cerca. Al lado
de unos matorrales encontré al animal. Olisqueaba el suelo en busca
de comida. Tensé la cuerda de arco y apunte a su barriga tras ver,
desde la lejanía, que se trataba de un macho. Era grande, un buen
ejemplar que puede que no durara unos tres días junto al resto de
piezas que había cazado y alguna que otra hierba que sabía que era
comestible y no venenosa. Lo tenía a tiro. Solamente tenía que
soltar la cuerda. De pronto algo me asustó y la flecha se clavó en
el suelo y no en la carne del jabalí haciendo que saliera corriendo.
Miré
a mi derecha y me encontré con la cara de mi mentor sonriéndome. No
podía haberme molestado en mejor momento.
-Era
un ejemplar buenísimo y me has chafado la oportunidad de cazarlo- me
quejé.
-No
creo que haya ido muy lejos y además tienes suficientes animales
para hoy- dijo quitándole importancia.
-¿Cómo
me has encontrado?- pregunté.
-Tu
entrenadora me dijo que habías ido al bosque.
-Eso
ya me lo imagino. Digo que como me has encontrado dentro del bosque.
-Soy
tu mentor desde hace años. Estoy acostumbrado a perseguirte para que
me hagas caso. Te has escondido tantas veces en el bosque que ya se
rastrearte como tu rastreas a los animales- explicó- Ahora volvamos
al albergue.
-Yo
quiero quedarme un rato más- me negué como me negaba a los seis
años.
-Se
supone que tú traes la comida y tienes que estar antes para hacerla.
Cuando
estaba acompañada del Inazuma o de otras personas que no me
conocieran desde hace años era tímida y seria, pero con mi familia,
mis amigos de todas la vida y mi mentor me comportaba de forma
extrovertida y divertida, como siempre he sido. Asique me senté en
el suelo y me decidí a quedarme allí quieta sin moverme.
-Eve-
dijo Pitbull que ya se lo había hecho alguna que otra vez.
Yo le
sonreía con los brazos cruzados. El cantante suspiró y estiró de
mi brazo intentando que me levantara.
-No me
pienso levantar- dije apretando más los brazos contra mi para que no
me los soltara.
Él
seguía haciendo fuerza. Consiguió levantar mi culo del suelo alguna
vez y me volvía a sentar. Despegó mis brazos.
-¡Qué
no!- exclamé.
Me
gustaba hacerme la remolona con él.
-Eve
venga que no tienes cinco años.
-Siempre
me dices lo mismo en estos momentos.
Dejó
de intentar levantarme. Yo me volví a cruzar de brazos y el hizo lo
mismo.
-Levántate.
Yo lo
negué con la cabeza.
-Son
las doce y media del mediodía y la comida es a la una y media- dijo-
salir de aquí nos costará un rato y entre que llegamos y hacemos la
carne se nos hace y media muy rápido.
No me
gustaba rendirme en mis momentos remolones pero si tenían una buena
excusa tenía que hacerlo.
-Vaaaaaleee-
y me levanté.
Caminamos
diez minutos mientras hablábamos lo que íbamos a hacer para
compensar este tiempo sin ir al instituto. Ya me lo veía venir. De
pronto divisé una luz de color violeta que venía de un pequeño
lago. Sin decir ni una sola palabra me dirigí hacia esa luz que me
atraía tanto. Llegué hasta el borde del lago. La luz provenía del
fondo, de un objeto que había hundido. No distinguía muy bien que
era. Sentía mi temperatura corporal elevarse mientras hundía la
mano en la fría agua y aquella brillante luz me daba en la cara.
Recogí el objeto y lo saqué del agua. Era un colgante con una
piedra de color violeta. El brillo había disminuido ahora fuera del
agua y sentía mis mejillas arder, el puño que sujetaba la cuerda
del collar se apretaba cada vez más. Sabía que era esa piedra. Esa
piedra era la kriptonita de un Evans. Ya la había soportado en otras
ocasiones, entre ellas cuando luchaba contra la academia Alius junto
al Inazuma. La piedra Alius. Aquella piedra hacia que nos cambiara a
los Evans el color de ojos rápidamente, que la ira nos invadiera por
todo el cuerpo y que solo quisiéramos destrozar todo lo que
tocábamos. Que nuestra fuerza, velocidad y agilidad se multiplicaran
por un millón muchas más veces que al resto. Toda aquella persona
que se ponía delante de un Evans en ese estado acababa muy mal a
veces muerto, menos de las que estés...eso no importa. A diferencia
del resto de personas un Evans no podía controlarse, el resto de
personas solo destrozaban y hacían daño si tu querías o te
obligaban. Ese estado solo nos lo conseguía producir un enfado bien
fuerte o la piedra Alius. Los ojos se nos ponían rojos como la
sangre. Y eso es lo que me estaba pasando. Quería tirar ese colgante
bien lejos pero mis actos no me respondían y seguía allí parada.
La voz de mi mentor me sonó lejana. Pitbull conocía la influencia
de esa piedra en mi y en el resto de la familia asique me arrancó el
colgante y lo lanzó a lo más hondo del lago. En cuanto desapareció
de mi vista dejé de estar hipnotizada y caí al suelo a una
temperatura muy alta. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que
había cogido el collar pero a mi me habían parecido horas.
Respiraba entrecortadamente y estaba tensa, muy tensa, con el corazón
a mil por hora. Miré a Pitbull. Lo veía algo difuminado, me costaba
centrarlo.
-¡Qué
coño hacía ahí un trozo de piedra Alius!- dijo.
Eso
fue lo ultimo que oí antes de caer totalmente sobre la hierba.
Se que no tenéis un momento para vosotras en el capi con los chicos, sorry. No tenía mucha idea de como escribir el capi y se me ocurrió esto. Espero que no os importe.
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I LOVE IT, ME ENCANTA, LO AMO, LO ADORO... Me dio gracia la parte de lo de la kriptonita XD superevans
ResponderEliminarA mi tambien eris xD te quedo muy chulo eva ;3
ResponderEliminarIgual a mi chicas, buen trabajo Eris y Eve, hacía tiempo que no escribias ya te echaba de menos, y ¬¬ como odio a Lili TWT me permitirán gopearla en el proximo capi? Plissssssss!
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