viernes, 13 de septiembre de 2013

19. Un largo camino

La parte de Eris y Axel la ha escrito la misma Eris. 


Narrador:

Las chicas se levantaron temprano y se prepararon para ir a buscar a su nueva compañera. La entrenadora conducía la caravana de las chicas. Pronto llegaron al aeropuerto, estuvieron esperando hasta que el avión llegó. Cuando este aterrizó empezaron a salir los pasajeros, pero la que más destacaba era una chica pelirroja de ojos rojos. Miraron a su entrenadora y, efectivamente esa era la chica. Se presentaron, cargaron sus maletas en la caravana y se la llevaron.


Narra Eris:



Tenía pensado dar un paseo, así que cogí mi ropa (en la imagen la azul) y me encaminé a salir. Que pena que no hubiera podido traer a Regaliz, mi semental negro, para poder dar un paseo por la playa. Como fui previsible, cogí también un balón de fútbol, mis cascos y mi Ipod para escuchar música. Caminaba por la acera sin saber rumbo alguno mientras iba con la vista fija al balón al que pateaba mientras escuchaba música. Iba absorta en mis pensamientos, no me di de cuenta del chico que venía corriendo a toda velocidad, no me di de cuenta de que venía hacia mí y tampoco me di de cuenta quién era; solo me di de cuenta de que al pasar por mi lado, me cogió de la mano, dándome un susto de muerte. Pero tuve que correr a su lado con el balón a un en mi posesión, iba cubierto con una capucha; por lo que no lo podía reconocer, pero, por pura intuición, no me escapé de su agarre. Me condujo hacia un callejón sin salida y paró, se dio la vuelta mientras se sacaba la capucha y pude ver su rostro.

-¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡Tú sabes el susto que me has dado!!!??? - dije un poco histérica.

-Lo siento, te miré desde lejos y no me pude resistir - dijo con una voz sensual acercándose a mi más y más, arrimándome contra la pared.

Puso sus brazos en la pared de modo que no podía escapar y soltó una sonrisa de sus labios. Lo miré a los ojos, esos ojos que me encantan y rodeé sus cuello con mis brazos mientras sonreía. Acercó sus labios a mi oído y me dijo:

- Me encantaste en el partido de ayer - dijo despacio y con esa voz que me derretía.

Me miró a los ojos de nuevo y juntamos nuestros labios en un beso apasionado.



Narra Eve:

Mientras me vestía decidí sacar mi arco y cazar un rato. Me informé gracias a la entrenadora de que podía cazar en las zonas forestales de la isla, siempre en cuando no cazara mucho. Además se le ha ocurrido que hoy comiéramos de lo que cazara así nos ahorraríamos algo de dinero de la comida para gastarlo en objetos que mejoraran nuestro entrenamiento por lo que creo que me va a tocar salir a cazar más veces.
No sabía muy bien donde se encontraba el bosque pero mi gran experiencia en ellos me ayudaría a encontrarlo. Salí cargada con mi arco, un carcaj de flechas y varias bolsas de cuero para cargar a los animales.

Llegué hasta el parque al que iban Bellatriz, Kui y Mar. Allí las vi sentadas sobre la hierba. Xavier y Jordan se acercaban a ellas y se sentaban a su lado. Tenía curiosidad por saber que pasaría sabiendo que a Mar le gusta mucho Xavier y me quedé un rato observando apoyada sobre un árbol.
Al principio todo era hablar y hablar, no oía lo que hablaban, pero los gestos eran suficientes. Mi prima estaba sonriendo como una tonta todo el rato. Tras cinco minutos Jordan debió de decir algo que no debía ya que Bellatrix se dirigió a matarlo. El peli-verde salió corriendo y Kui detrás de ellos para separarlos. Se subían por los columpios, toboganes y cualquier objeto que se les pusiera delante. Mientras, Mar y Xavier se había quedado solos. No se si era mi imaginación pero por los gestos de Xavier este tonteaba un poco con mi prima y esta se estaba sonrojando.
La mirada de mi prima se posó en mi, en la otra punta del parque. Me sonrió y yo le guiñé el ojo. Retomé mi camino hacia el bosque, aunque seguía sin saber donde estaba.

Tras dos minutos de camino divisé a Eris a lo lejos. Pateaba su balón con los cascos puestos. Un chico con capucha le agarró de la mano y se la llevó. No se si ella lo hacia pero yo reconocía perfectamente a ese chico aún con la capucha puesta, Axel. Con el tiempo que llevamos jugando juntos y todas las veces que le he visto con esa capucha una ya no se sorprende.

Yo seguí mi camino, con la sensación de que iba bien aunque no tuviera ni las más mínima idea de donde estuviera. Pasé al lado de una heladería y sentados sobre las mesas encontré a Cris, Roky, Andy, Su y Tori tomando un helado con Shawn, Darren, Mark Kruger, Harley y Eric. Al final Cris, Roky y Andy decidieron irse con Su y Tori por lo que veo. Por suerte, para Eric, Su no lo tenía agarrado, estaba a su lado pero no le agobiaba y le dejaba comerse su helado. Mis compañeras estaban MUY felices en esos momentos por sus caras.
Se me antojaba un helado pero no quería retrasarme más ni interrumpir nada.
Gracias a que encontré a ese grupo supe que estaba en el área estadounidense. Pero tampoco es que supiera muy bien donde estaba.

Y me encontré con las últimas que quedaban Silvia, Celia, Camelia y Marye junto a Paolo y algunos de su equipo y chicos del Inazuma, entre ellos Mark y Nathan. También estaban la nuevas gerentes del Inazuma, que eran algunas chicas de la triple C de Osaka entre ellas, como no, Lili. No quise pararme allí. Solo observé como Marye golpeaba a Paolo y seguí mi camino.

Después de media hora de camino encontré el bosque. ¡¡Por fin!! No era igual que al que solía ir siempre pero era un bosque. Cargué mi arco por si veía alguna presa. Allí me sentía muy bien, me sentía libre. Empecé a correr entre raíces y a descubrir cada rincón de aquel lugar. Encontré muchos animales pero pocos con un tamaño considerable para ser nuestra comida. Muchos conejos, pájaros de toda clase...Me subí a los árboles y cacé unas cuantas ardillas. Las metí en una de mis bolsas de cuero. No sabía si a las chicas les gustaría pero a Mar y a mi nos encantan. Llegué hasta un pequeño río. En él los peces rebosaban y decidí llevar algún que otro por si acaso. Pasé el río saltando de roca en roca y seguí buscando. A las orillas del río el barro abundaba. En él unas huellas pequeñas con forma de pezuña me dieron mi próximo objetivo. Esas huellas pertenecían a un jabalí. Estaban recién hechas por lo que estaría cerca. Cargué mi arco de nuevo. El barro que llevaba el jabalí en las patas me ayudó a seguirlo un largo trozo pero no lo veía y la huellas desaparecían. El olor que desprendía era fuerte y gracias a eso supe que estaba cerca. Al lado de unos matorrales encontré al animal. Olisqueaba el suelo en busca de comida. Tensé la cuerda de arco y apunte a su barriga tras ver, desde la lejanía, que se trataba de un macho. Era grande, un buen ejemplar que puede que no durara unos tres días junto al resto de piezas que había cazado y alguna que otra hierba que sabía que era comestible y no venenosa. Lo tenía a tiro. Solamente tenía que soltar la cuerda. De pronto algo me asustó y la flecha se clavó en el suelo y no en la carne del jabalí haciendo que saliera corriendo.
Miré a mi derecha y me encontré con la cara de mi mentor sonriéndome. No podía haberme molestado en mejor momento.
-Era un ejemplar buenísimo y me has chafado la oportunidad de cazarlo- me quejé.
-No creo que haya ido muy lejos y además tienes suficientes animales para hoy- dijo quitándole importancia.
-¿Cómo me has encontrado?- pregunté.
-Tu entrenadora me dijo que habías ido al bosque.
-Eso ya me lo imagino. Digo que como me has encontrado dentro del bosque.
-Soy tu mentor desde hace años. Estoy acostumbrado a perseguirte para que me hagas caso. Te has escondido tantas veces en el bosque que ya se rastrearte como tu rastreas a los animales- explicó- Ahora volvamos al albergue.
-Yo quiero quedarme un rato más- me negué como me negaba a los seis años.
-Se supone que tú traes la comida y tienes que estar antes para hacerla.
Cuando estaba acompañada del Inazuma o de otras personas que no me conocieran desde hace años era tímida y seria, pero con mi familia, mis amigos de todas la vida y mi mentor me comportaba de forma extrovertida y divertida, como siempre he sido. Asique me senté en el suelo y me decidí a quedarme allí quieta sin moverme.
-Eve- dijo Pitbull que ya se lo había hecho alguna que otra vez.
Yo le sonreía con los brazos cruzados. El cantante suspiró y estiró de mi brazo intentando que me levantara.
-No me pienso levantar- dije apretando más los brazos contra mi para que no me los soltara.
Él seguía haciendo fuerza. Consiguió levantar mi culo del suelo alguna vez y me volvía a sentar. Despegó mis brazos.
-¡Qué no!- exclamé.
Me gustaba hacerme la remolona con él.
-Eve venga que no tienes cinco años.
-Siempre me dices lo mismo en estos momentos.
Dejó de intentar levantarme. Yo me volví a cruzar de brazos y el hizo lo mismo.
-Levántate.
Yo lo negué con la cabeza.
-Son las doce y media del mediodía y la comida es a la una y media- dijo- salir de aquí nos costará un rato y entre que llegamos y hacemos la carne se nos hace y media muy rápido.
No me gustaba rendirme en mis momentos remolones pero si tenían una buena excusa tenía que hacerlo.
-Vaaaaaleee- y me levanté.

Caminamos diez minutos mientras hablábamos lo que íbamos a hacer para compensar este tiempo sin ir al instituto. Ya me lo veía venir. De pronto divisé una luz de color violeta que venía de un pequeño lago. Sin decir ni una sola palabra me dirigí hacia esa luz que me atraía tanto. Llegué hasta el borde del lago. La luz provenía del fondo, de un objeto que había hundido. No distinguía muy bien que era. Sentía mi temperatura corporal elevarse mientras hundía la mano en la fría agua y aquella brillante luz me daba en la cara. Recogí el objeto y lo saqué del agua. Era un colgante con una piedra de color violeta. El brillo había disminuido ahora fuera del agua y sentía mis mejillas arder, el puño que sujetaba la cuerda del collar se apretaba cada vez más. Sabía que era esa piedra. Esa piedra era la kriptonita de un Evans. Ya la había soportado en otras ocasiones, entre ellas cuando luchaba contra la academia Alius junto al Inazuma. La piedra Alius. Aquella piedra hacia que nos cambiara a los Evans el color de ojos rápidamente, que la ira nos invadiera por todo el cuerpo y que solo quisiéramos destrozar todo lo que tocábamos. Que nuestra fuerza, velocidad y agilidad se multiplicaran por un millón muchas más veces que al resto. Toda aquella persona que se ponía delante de un Evans en ese estado acababa muy mal a veces muerto, menos de las que estés...eso no importa. A diferencia del resto de personas un Evans no podía controlarse, el resto de personas solo destrozaban y hacían daño si tu querías o te obligaban. Ese estado solo nos lo conseguía producir un enfado bien fuerte o la piedra Alius. Los ojos se nos ponían rojos como la sangre. Y eso es lo que me estaba pasando. Quería tirar ese colgante bien lejos pero mis actos no me respondían y seguía allí parada. La voz de mi mentor me sonó lejana. Pitbull conocía la influencia de esa piedra en mi y en el resto de la familia asique me arrancó el colgante y lo lanzó a lo más hondo del lago. En cuanto desapareció de mi vista dejé de estar hipnotizada y caí al suelo a una temperatura muy alta. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que había cogido el collar pero a mi me habían parecido horas. Respiraba entrecortadamente y estaba tensa, muy tensa, con el corazón a mil por hora. Miré a Pitbull. Lo veía algo difuminado, me costaba centrarlo.
-¡Qué coño hacía ahí un trozo de piedra Alius!- dijo.

Eso fue lo ultimo que oí antes de caer totalmente sobre la hierba.


Se que no tenéis un momento para vosotras en el capi con los chicos, sorry. No tenía mucha idea de como escribir el capi y se me ocurrió esto. Espero que no os importe.