Pasaron tres días, en los que
pasábamos casi todo el tiempo cerca de Marye. Habíamos hecho un
gran lazo de amistad con ella, lo malo es que eso agrandaba mi
instinto de protección. Las tres noches de vigilancia habían sido
realizadas por mi, de forma voluntaria. Andy empezaba a extrañarse
más que ninguna otra, lógico era la que más me conocía. Sabia mis
jueguecitos de por la noche con los Volturi y sabe que me encanta y
nunca me salto ninguno. Pero aquellas veces eran distintas, mi
instinto de protección se había activado con Marye. Odiaba que
aquello pasara. Que mi instinto de protección y el de venganza se
enfrentaran. Parecía que aquella vez ganaba la protección.
Allí me encontraba recostada en la
ventana meditando en silencio. Sin entender mi vida. ¿Complicada?
Puede. No sé porque me daba cuenta de estas cosas pero tengo la
sensación de que mi las chicas se están quedando con alguno de los
chicos del Inazuma. Y debo reconocer algo que no quiero y odio. Cada
vez quiero más la sangre de Nathan...no será que...no...no puede
ser. Es imposible. Miro al resto y no tengo esa misma sensación. En
cambio es solo verlo por el rabillo del ojo y ya quiero lanzarme a su
cuello. Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo. Son
imaginaciones mías es imposible.
Me quito esos pensamientos de la
cabeza. Recuerdo una de las conversaciones que tuvimos una noche con
el Inazuma junto a la hoguera. Hablaban sobre la leyenda de que
existen vampiros y hombre lobo en aquella ciudad tan cercana al
bosque. Totaaaaaaalmente real. Las gerentes estaban cagaditas de
miedo con la historia que contaban de ellos. Totaaaaaaaaalmente real.
Lo que me parecía gracioso es que algunos de los chicos estaban
igual aunque intentaban mostrar valentía. Y se sorprendían de que
nosotras no mostráramos ningún signo de terror.
Mis pensamientos son interrumpidos por
un sonido proveniente de debajo de la ventana, a unos diez metros de
altura. Pronto divisé la silueta de Andy escalando por la pared. ¿A
qué venía?
-¿Qué haces aquí?- pregunté mientra
se reposaba al otro lado de la ventana enfrente mio.
-Es que me parece...extraño- dice.
-¿El que?-
-Que te presentes voluntaria para
vigilar a Marye- me aclaró.
-Ah eso- digo vagamente- ya conoces mi
instinto de protección.
-Me lo imaginaba- dice- Pero lo que más
me extraña es que no quieras cabrear a los Volturi.
-No he dicho en ningún momento que no
quiera- respondo.
-Ah. A veces tengo miedo- ¿Eh? Es lo
único que pienso- Miedo de que algún día te pase algo.
-¿Pasarme algo?-
-Cómo que los Volturi te...maten- me
rio de aquella frase- En serio, Eve. Y si un día si que aparece Aro
y te mata. Puede que a ti no te importe pero a nosotras si.
-Andy, Aro nunca me matará-
- Y tú que sabes. Aro es capaz de
matar a alguien sin remordimientos. Puede que con sus secuaces puedas
pero contra él es muy difícil- aprecio que se preocupe por mi, pero
no es bueno.
-Conmigo si que tendría
remordimientos-
-No no los tendrá. Ni contigo ni con
nadie- No quiero seguir con esa conversación. Odio hablar de Aro.
Estuvimos un rato en silencio. Un
incómodo silencio.
-¿Por qué?
-Por qué ¿que?-
-¿Por qué lo haces? ¿Por qué juegas
tu vida intentando cabrearlos? ¿Por qué no los olvidas? ¿Por qué
los odias tanto? Y si, ya sé que te mordió un Volturi pero fue uno,
no todos ellos. ¿Y por qué quieres que te aparezca Aro? Aunque lo
mates a él vendrá otro en su lugar y...-
-Fue mi padre- dije ya harta de aquel
discurso.
-¿Qué?-
-Fue mi padre- repito.
-¿Tu padre?-
-Mi padre me mordió- acababa de
desvelar algo que nunca había dicho.
-Sinceramente eso no me ha resuelto
nada. Más bien me lo ha complicado- dice.
-Aro- ¿De verdad estaba dispuesta a
contarle aquello?
-¿Cómo?-
-Joder que Aro es mi padre- dije
cansada.
Andy se quedó paralizada ante mi
palabras. Lógico. Oí el movimiento de Marye en su cama y giré mi
cabeza. Marye se había despertado ante mi pequeño grito. Y nos
miraba algo confundida. Su cabeza hizo un giro de 180 grados para
encender la luz y aproveché. Empujé a Andy tirándola de la ventana
y me tiré yo detrás. Tenía la esperanza de que hubiera pensado que
es cosa de su mente. Andy había caído un poco mal y no sabía que
pasaba.
-Pero que...- le tapé la boca.
Vi la luz encenderse y, después de
unos segundos, apagarse. Quité mi mano de la boca de Andy.
-Para que me tiras- se quejó.
-Marye casi nos descubre- dije en voz
baja, suponiendo que nuestra protegida aún no se abría dormido.
Andy me miraba con cara algo
comprensiva.
-A si que tu padre es Aro- dice- ¿Es
que acaso Aro ha tenido mujer?
-No me hables de eso- dije intentando
dejar el tema.
-¿Qué fue de tu madre?- Maldita Andy
acaba de dar con un tema que no quiero tocar.
-Ojalá lo supiera-
Andy observó mi mirada nostálgica. De
pronto una voz nos interrumpido.
-¿Que hacéis aquí vosotras?-