La patada que recibió en el estómago hizo que Harley se encogiera y retrocediera unos pasos. El rostro de tu padre era pura furia. Se notaba que estaba disfrutando el momento, que aquello lo llevaba deseando hacer desde hace ya tiempo. No podías dejar que siguieran y saliste del coche con la camisa aún algo desabrochada.
-¡Parad!- gritaste con la poca fuerza que tenías- ¡Parad, por favor!
Todo esfuerzo en vano.
Harley consiguió recomponerse y descargar un fuerte golpe contra tu padre que logró hacer que tambaleara. Aunque tu padre ya tenía sus cincuenta años siempre se había mantenido en forma lo que le permitía estar de igual a igual con Harley.
Intentaste interponerte entre ellos, pero la ira les recorría la sangre y al intentar agarrar a Harley y separarlo, ninguno de ellos se dio cuenta y, sin quererlo, uno de los brazos te golpeó en el costado haciendo que soltaras un pequeño grito de dolor, te tambalearas y casi cayeras al suelo.
-¡Nerea!- exclamó Harley al darse cuenta dejando de prestar atención a la pelea.
Aprovechando aquel momento de guardia baja, tu padre descargó un fuerte puñetazo en la mejilla de Harley, tirándolo al suelo.
-¿Ves lo que has hecho?- gritó tu padre a Harley- Le has hecho daño y eso es lo que seguirás haciendo si estas cerca de mi hija y no puedo permitirlo.
El surfero solo consiguió incorporarse un poco apoyándose con las manos sobre el suelo de la carretera.
-¡No!- gritaste aún más fuerte- ¡Tú eres el que me hace daño!
Los ojos amoratados de tu padre te miraron fijamente, confusos.
-¡Eres tú, el que me intenta alejar de todo lo que amo! ¡Y ese todo es Harley! ¡Sé que no es exactamente un modelo a seguir, pero él nunca me ha hecho daño ni lo hará, estoy segura!
-Te equivocas.
-No, te aseguro que no me equivoco. Me ha demostrado de mil y una formas que me quiere, hemos pasado por casi todo lo que una pareja puede vivir y sigue a mi lado, celos, secretos, distancia… incluso un posible embarazo y nunca me ha dejado. Joder, estaba dispuesto a dejar todo atrás por escaparse conmigo, papá. No sabes lo que me duele que no te des cuenta.
-A mi me duele más que seas capaz de dejarnos a todos solo por un sinvergüenza- contraatacó.
-No lo haría si tu lo aceptarás, tú eres el culpable de todo esto. Mamá lo aceptó, ¿por qué cojones no lo haces tú?
-Porque quiero lo mejor para ti- dijo suavizando su tono.
-¿Lo mejor para mi? ¿Así que lo mejor para mi es separarme de la persona a la que quiero? No quiero que arregles mi vida según lo que tu crees que es mejor para mi. Yo sé mejor que nadie lo que es mejor para mi. Lo mejor que tú puedes hacer por mi es aceptar mis decisiones, aconsejarme, pero sin pasarte. Tengo dieciocho años, casi diecinueve, soy una adulta, ya no tienes derecho a controlar mi vida. Aprendo de mi errores y Harley no es uno de ellos.
Te observaba sorprendido, era la primera vez que eras lo suficientemente valiente para enfrentarte a tu padre y su obsesivo control sobre ti. Incluso Harley, aún recostado a tu lado, se sorprendió.
-Ahora tienes solo dos opciones papá. O aceptas mi relación con él, aunque en el fondo no quieras, y así volveré a casa contigo. O la sigues rechazando, dejando que me vaya y que te odie. Tú eliges.
Hay dos opciones. Dos finales posibles. Nerea lo ha dicho, tú eliges. ¿Qué quieres que haga su padre?