Este relato lo he escrito para un concurso literario y quería saber si os gusta. Disfrutadlo.
Me froto las
muñecas. Aquellas esposas dejaron marca en mi piel. Ya van tres
veces en esta semana que la policía me coge. Tampoco es que me
importe mucho. Al que si le importa es al hombre que exclama insultos
al aire para desahogarse en el pasillo de la casa, mi padre. De
pronto la puerta de mi habitación se abre de golpe dejando entrar a
aquel hombre. Este la vuelve a cerrar y me mira. En su mirada pude
distinguir la ira, que parecía intentar contenerse. Y se queda ahí
parado, como si intentara fulminarme con la mirada o esperara algo de
mi.
-Puedes empezar
cuando quieras con el discursito- le animo para que se pasara cuanto
antes.
-¿Por qué no te
quieres dar cuenta que todas estas tonterías que haces me perjudican
en mi trabajo?- dice.
-No sabía que ser
jefe de una mafia era un trabajo- le replico recostándome cobre la
colcha.
Su mirada se torna
aún más cabreada y cada vez le es más difícil contenerse. Seguro
que ahora mismo me pegaba un tiro como al resto y se quedaba tan
ancho. Pero ser su hija tiene ciertos privilegios. Tengo que
reconocer que me gusta hacer que esté a punto de explotar de ira.
-Tienes dieciséis
ya para entender estas cosas, Ángela. Mira tengo muchos temas que
resolver y no estoy para aguantarte. Ya hablaremos más tarde- y sale
de la habitación cerrando la puerta.
Parece que esta vez
me he librado, de momento.
La puerta se volvió
ha abrir y entra Julia, la criada de la familia, o asistenta para ser
más finos. Julia era la única con la que me llevaba bien de toda la
casa. Y con “toda la casa” no me refiero a la familia porque si
hablamos de familia solo tengo a mi padre ya que mi madre murió hace
varios años. La causa no fue ninguna enfermedad ni nada por el
estilo si no que una mafia enemiga de mi padre acabó con ella. Yo no
recuerdo muy bien lo que pasó. Solamente tenía cinco años y solo
recuerdo que todo era un caos en la casa y un disparo.
-Podrías hacer caso
a tu padre por una vez en la vida- me propone Julia.
-Deja que lo piense-
hice el típico sonido de estar pesando- No.
La criada suelta un
suspiro y me lanza un pantalón y una camiseta de pijama de la cesta
de ropa limpia que tiene bajo su brazo.
-Cámbiate. Y a
dormir- y tras decir eso sale de la habitación.
-Y la cena- grito
intentando que me escuche al otro lado de la habitación.
-Te aguantas. No te
mereces la cena después de que te haya tenido que traer la policía
tres veces en esta semana- grita con autoridad.
Podría decirse que
es mi segunda madre.
Y suena ese pitido
infernal. Elevo la mano hacia el despertador con la intención de
apagarlo pero lo único que hago es tirarlo al suelo. Poco a poco y
con mucha pereza me levanto de la cama. Después de dejar el
despertador en su sitio me voy al baño y me preparo para otro
aburrido día en el instituto.
Cierro la puerta
principal de mi enorme casa, o mansión, como queráis llamarla, y
observo de lejos como mi padre se larga a ocuparse de uno de sus
negocios en su deportivo negro seguido de otros varios coches que lo
acompañan, por protección. Cosas de las mafias, tampoco es que lo
entienda mucho. Nunca me he parado a estudiar el trabajo de mi padre.
Una vez los coches
hubieron desaparecido de mi vista, agarro la bicicleta y salgo
pedaleando hacia el instituto.
Salgo del baño,
harta de que los profesores me echen la bronca por no atender. Puede
que no atienda pero luego apruebo los exámenes, no con
sobresalientes pero los apruebo. Hay gente que esta con el móvil,
comiendo o hablando sin atender ni pizca y yo, que por lo menos me
cayo y no hago nada más que dibujar algún pequeño dibujo, me llevo
las broncas.
Odio y seguiré
odiando esta sociedad en la que te critican por todos lo que haces.
No se si se enteran de que no quiero ser un clon más de la sociedad.
No me gusta ser igual que los demás. Soy diferente y por ello ya me
marginan y critican. No me importa mucho, que hagan lo que quieran,
pero da rabia.
De pronto siento un
empujón y la pared en mi espalda. No había nadie en aquel pasillo
más que mi querido amigo Jaime, hijo del jefe de otra mafia enemiga
de mi padre. Tiene más mafias enemigas que pelos en la cabeza. El
castaño me apreta más contra la pared colocando su mano en mi
cuello, en posición de amenaza. Su mirada era fría y amenazadora.
-¡Suéltame!-
exclamo quitándome al chico de encima.
-Explicame por qué
coño tu padre quiere acabar con el mío- dice aún más cabreado de
lo que parecía.
Sus palabras me
dejaron paralizada.
-Qué mi padre
quiere ¿qué?- digo sin entender mis sentimientos ante eso.
-Acabar con mi
padre, liquidar, matar a mi padre.
-Ya, ya lo sé. Pero
¿por qué?- no entiendo porque me importa la verdad, pero de alguna
manera u otra me importa.
-Eso quiero saber
yo.
-No me lo creo.
Mi padre es jefe de
una mafia peligrosa pero no mata porque si. Tiene que haber una
razón.
-Y si es verdad
habrá hecho algo para merecérselo- sigo diciéndole.
-No ha hecho nada-
me contesta.
-Y tú que sabes- le
replico.
-Para tu información
yo me preocupo de lo que hace mi padre.
Justo en ese momento
aparece mi profesora de matemáticas.
-¿Qué hacéis
vosotros aquí? Marchaos al recreo de una vez- nos exige dándonos un
pequeño empujón hacia la puerta de salida.
Dudo. Dudo de
creerme o no lo que me dijo Jaime en el instituto. En estos momento
estoy andando por los pasillos de mi casa en calcetines. Llego a la
puerta del despacho de mi padre. La única manera de averiguarlo es
buscando algún indicio de ello entre los papeles de mi padre.
Apoyo la oreja en la
puerta buscando algún ruido que indique que mi padre este allí.
Nada. Abro lentamente la puerta y asomo mi cabeza por el hueco que
queda. Nadie. Dejo pasar el resto de mi cuerpo y vuelvo a cerrar la
puerta sin hacer ruido. Es un despacho grande y bastante clásico. Su
mesa y silla mirando hacia la puerta desde la otra pared, la gran
librería llena de libros en una pared y la chimenea rodeada de
cuadros en la otra. Aunque no lo pareciera mi padre es muy culto y le
gusta leer. La única luz del despacho en estos momentos es la del
fuego de la chimenea calentando la sala.
Dirijo mis pasos al
escritorio lleno de papeles. A mi padre no le gustan los ordenadores.
Supongo que tendrá sus razones. Me siento en la silla de terciopelo
giratoria y cojo una carpeta que hay perfectamente colocada en el
centro de la mesa. Sin cuidado alguno empiezo a rebuscar entre sus
hojas. Y lo mismo hago con otras hojas, cuadernos y carpetas que hay
sobre la mesa o en lo cajones al ver que no hay nada sobre el tema
que quiero.
Meto el cuaderno de
anillas de nuevo en su cajón y escucho las voces de mi padre y uno
de sus socios. El movimiento del manillar de la puerta doble me
alerta y me escondo detrás del escritorio.
-Señor creo que es
un poco precipitado ocuparse de ese tema ahora sin ninguna prueba
física de ello. Debería concentrarse en los negocios con...
-Cállese- le
interrumpe mi padre con voz fuerte- ¿Quién es el jefe de esta mafia
tu o yo?
-Usted. Pero yo solo
le aconsejaba...-
-Ahora no quiero
consejos si no acciones. Tenemos que terminar con ese imbécil cuanto
antes.
-Pero...
-Nada de peros. Él
acabó con mi mujer y yo acabaré con su vida.
Que mató a mi...a
mi madre. No tengo palabras ni respiraciones ni latidos para lo que
acabo de oír. Si de verdad la mató se merece la muerte más que
nadie en este mundo.
-¿Tenéis la
dirección?.
-Si. Aquí la tiene-
el socio esta atemorizado por mi padre al entregarle un papelito con
la dirección.
-Bien. ¿Cuánto
tardareis en preparar todo?- pregunta mi padre dejando el papelito
sobre la mesa.
-Unos diez minutos.
-Muy bien. Vamos.
Y desaparecieron de
la sala dejándose el papelito con la dirección.
Estoy con un odio
dentro que no puedo con él. Y Jaime decía que no había hecho nada.
Pues por no hacer nada voy a... no se que voy ha hacerle. Algo le
haré. Pero lo primero es encontrar su casa.
Me levanto del suelo
y agarró con fuerza el papelito con la dirección. Tengo que
adelantar a mi padre para pillarlo yo antes.
La ruedas de la
scooter queman la carretera. Mía no es la verdad. No se de quien es,
la he cogido “prestada” de la calle. Y tampoco tengo la edad
necesaria para conducir pero eso me da igual.
Una mansión se deja
ver. Está claro que es esa. Aparco en un lugar donde la oscura noche
tapa la moto. No había mucha vigilancia. Salto el muro que protege
la casa y caigo sobre césped. A un lado de la casa observo las
ventanas iluminadas. Por una de ellas se puede observar la silueta de
Jaime. Le tengo. Oigo las pisadas de uno de los vigilantes que vagan
por el jardín y me pego a la pared esperando que no me viera,
ayudada de la poca luz de la noche. Pasa de largo y me deja seguir
con lo que tengo que hacer. Con agilidad escalo la pared ayudada por
las demás ventanas y una tubería.
La ventana de Jaime
está abierta, perfecto. Empujo la ventana y utilizo de escalón el
escritorio y la silla para bajar al suelo. En ese momento Jaime se
gira.
-¡¿Qué haces tú
aquí?!- exclama acercándose a mi- ¡vete de aquí!
-No.
-Vete si te ve mi
padre te mata, literalmente- me coge el brazo intentando llevarme por
donde he venido.
-No, he dicho- digo
con voz fuerte poniéndome detrás, en frente de la ventana - Decías
que tu padre no ha hecho nada y si ha hecho. Mató a mi madre.
Jaime se le quedó
la mirada congelada. Al igual que a mi cuando el me dijo que mi padre
iba a matar al suyo.
-Imposible- dice
acercándose a mi y haciendo que yo me echara hacia atrás- No sabes
ni lo que dices.
-Le escuche a mi
padre decirlo- seguía caminando hacia atrás ya que él se acercaba
más.
-A si que admites
que mi padre va a matar al mio.
-Se lo merece más
que nadie- toqué el armario de la habitación con la espalda.
-Si la hubiera
matado lo sabría- el chico apoya sus fuerte brazos sobre el armario
bloqueándome los lados si quería escapar.
-Mi madre murió
cuando yo solo tenía cinco años, guapo.
Aquella posición en
la que se encontraba Jaime me molestaba. Aunque reconozco que es una
posición muy sexy sobre todo siendo él...pero que estoy diciendo.
-Vaya ¿y eso de
guapo?- dice con una sonrisa pícara.
-Contigo encaja más
imbécil- me burlé.
-Ja, como si de
verdad pensaras eso- lentamente acercó sus labios a los mío, y lo
más raro es que no me moví para evitarlo. Quieta, esperando el
beso.
Un montón de
barullo empezó a inundar la casa. Varios disparos resonaron por las
paredes.
Jaime sale alterado
de la habitación como un rayo y yo detrás.
En el salón mi
padre apunta al de Jaime con una pistola. Unos cuerpos están
tendidos en el suelo, sangrando. Varios empleados de mi padre están
detrás de este con armas de fuego en mano.
El disparo era
inevitable. El cuerpo del padre de Jaime cae sobre la alfombra, al
borde de la muerte.
-¡Papá!- grita
Jaime arrodillándose al lado de su padre.
La bala se había
incrustado en su corazón y no había nada que lo salvase. No sé
como reaccionar. Me siento bien porque acababa de recibir lo que
merecía por lo que hizo tiempo atrás, pero destrozada por ver a
Jaime de esa manera.
-¿Qué haces tú
aquí?- preguntó mi padre sin sorprenderse mucho.
Los sentimientos se
revolvían en mi corazón y mente, sin entender por que. Las palabras
no quieren salir de mi boca. Nunca me habían importado estas cosas.
Nunca me había importado...él. Nunca. Lo único que deseo es
retroceder en el tiempo y evitarlo. Evitar que mi padre apretara el
gatillo de esa pistola. Puede que sea lo que no quiero que sea. Puede
y solo puede que me guste. Que en vez de odiarlo lo amara.
-Ángela he
preguntado que ¿qué haces aquí?- mi padre exigió una respuesta.
Jaime, al ver que su
padre había dejado el mundo de los vivo para instalarse en el de los
muertos. Se fue de allí con las manos en los ojos intentando que
las lágrimas no le fueran vistas.
-Ángela ¿te he
hecho una pregunta? ¡Contesta!
Lo miro con odio.
Sin al comprobar lo que nunca había entendido entre la relación
entre Jaime y yo.
-Ver como matas al
padre del imbécil al que amo- finalmente respondí.